El Espinal tiene el sabor, la música y la memoria para construir una nueva identidad festiva. Lo que necesita ahora es decisión y planeación, antes de que 2028 nos encuentre sin un plan.
Colombia ya tomó una decisión, y es irreversible. La Ley 2385 de 2024, conocida como "Ley No Más Olé", prohíbe las corridas de toros, el rejoneo, las novilladas, las becerradas y las tientas en todo el territorio nacional. Lo que muchos no saben es que, el 4 de septiembre de 2025, la Corte Constitucional fue más allá: en la Sentencia C-374 de 2025, declaró inconstitucional la excepción que dejaba por fuera a las corralejas, el coleo y las peleas de gallos, eliminando cualquier margen de legalidad para estas actividades. La ley contempla un periodo de transición de tres años desde su entrada en vigor (22 de julio de 2024), lo que significa que la prohibición plena rige desde el 22 de julio de 2027. Como las fiestas de San Pedro en El Espinal se celebran en junio, la edición de 2027 todavía podría, en principio, incluir corralejas bajo las condiciones de transición vigentes hasta esa fecha, pero el San Pedro de 2028 será, con toda probabilidad, el primero completamente sujeto a la prohibición definitiva.
Para nuestro municipio, esto no es una discusión abstracta sobre tradición y modernidad. El 26 de junio de 2022, durante esas mismas fiestas patronales, el colapso de una tribuna de madera en nuestra plaza de corralejas dejó, según las cifras oficiales del momento, cuatro personas fallecidas y cientos de heridos atendidos en hospitales de la región. Fue una tragedia que el país entero vio en video. Cualquiera que haya estado ese día en El Espinal sabe que esta no es solo una conversación sobre el bienestar animal, es también, y quizás sobre todo, una conversación sobre la seguridad de nuestra propia gente.
Dicho esto, es innegable que las corralejas eran, durante años, el principal imán turístico de nuestras fiestas de San Pedro. Y aquí está la pregunta que como municipio no podemos seguir aplazando: cuando en 2028 se acabe esa atracción por completo, ¿qué va a llenar ese vacío?
El Espinal tiene con qué responder, si actúa a tiempo.
Gastronomía de talla mundial. La lechona tolimense fue reconocida, dos veces, por Taste Atlas como el mejor plato de carne de cerdo del planeta, por encima de la pizza napolitana y la picanha brasileña. El tamal tolimense también fue distinguido internacionalmente. Y El Espinal es, junto con Ibagué y Saldaña, cuna de los lechoneros que sostienen esa tradición. Ya tenemos, literalmente, el mejor plato de cerdo del mundo. Lo que nos falta es convertirlo en el eje central de nuestra fiesta, no en un acompañante de segunda categoría.
Un festival de orquestas de talla internacional. El Espinal es, según cronistas regionales, la verdadera cuna musical del Tolima: aquí nació el Bunde Tolimense en 1914. Pocos municipios del país tienen ese capital cultural genuino para respaldar un festival serio de orquestas, con proyección nacional e internacional, en lugar de inventar algo desde cero.
Un evento folclórico que se destaque por su organización. No se trata de improvisar comparsas de último momento, sino de construir, con años de anticipación, un evento con participación de agrupaciones nacionales e internacionales, bien planeado, bien financiado y bien promocionado, el tipo de espectáculo que la gente viaja a ver, no el que sobrevive por costumbre.
El reto real no es reemplazar una tradición por otra. Es construir, con método y a tiempo, una nueva identidad festiva que no dependa de un solo evento, y mucho menos de uno que ya la ley y la propia historia reciente de nuestro municipio nos obligan a dejar atrás.